CUIDADOS ESPECIALES PARA HERIDAS EMOCIONALES

CUIDADOS ESPECIALES PARA HERIDAS EMOCIONALES

Mis hijas le dan mucho valor a las tiritas. Es una suerte de pensamiento porque creen que curan todas las heridas. Las tiritas que tienen formas de animales poseen aún más propiedades porque les inoculan las fortalezas del animal. Cualquier rotura física se concluye con las mágicas tiritas y tenemos una partida de gasto porque sirven tanto para humanos, especie muñequil o aperos de crianza.

¿Hay tiritas para la sensibilidad?

¿Qué pasa con los quiebres emocionales?

 

En el recorrido de nuestra vida experimentamos circunstancias agradables y desagradables, episodios dolorosos y de placer, necesidades satisfechas y otras sin complacer. Cuando todos los momentos están resueltos e integrados, se convierten en aprendizajes productivos de los que nace el equilibrio. En aquellos casos en que evitamos o enterramos en las profundidades cuestiones no solucionadas, su impresión se manifiesta como una llaga latente que tiende a abrirse. El lento desgarro nos recuerda, con mayor o menor frecuencia, que las heridas necesitan ser atendidas y curadas para cicatrizar limpiamente.

La niña o el niño que fuimos vivió como daño las experiencias incomprensibles, sobre todo aquellas ocurridas en el núcleo más cercano, familiar o íntimo. Muchos quejidos infantiles pueden ser oídos en el presente para acompañar este dolor lacerante. Numerosas “infancias muy felices” protegen escenas que son llevadas al foso del teatro para que el show pueda continuar.

Somos paridos en contacto con nuestras verdaderas necesidades y nos aceptamos tal cual, sin juzgarnos. Los bebés se gustan, se gozan y disfrutan, sintiéndose perfectos en cada momento. En breve, ese bebé que va dejando de serlo, se da cuenta de que algunas cosas de su ser no agradan demasiado a sus héroes adultos. “No lo estoy haciendo bien porque ellos se enfadan”, “Siento que no valgo porque se disgustan” o “Merezco ser triste porque entristezco a mis papás”; “Esto que yo hago es malo”.

Comprende que para conseguir que lo quieran, tiene que ser lo que los adultos necesitan que sea. Es un proceso de adaptación en el que nos despojamos, a veces de manera violenta, de lo que cubre nuestra verdadera naturaleza infantil. Hay quien se sorprende de los impactantes descubrimientos que van a marcar toda la vida. Hay quien trata de rebelarse con lo que parecen rabietas infantiles, pero al final se rinde y crea esa personalidad que le requieren. Otros mantienen, sin resignarse, esa lucha contra lo que no quieren ser durante toda su vida y se muestran siempre enfadados o permanentemente desilusionados.

Creamos tácticas y habilidades para sentirnos protegidos. Nos adaptamos, abandonando nuestro verdadera esencia, para cambiarla por la protección. Queremos sentirnos aceptables, así que lo que nuestro entorno rechaza, lo guardamos bien profundo. Pero lo oculto no desaparece, como no lo hacen los secretos, sino que la infección se mantiene fuera de la luz, alimentándose en la sombra. Y desde la penumbra contempla y dirige a ese adulto que creemos ser.

Todos sabemos que cuando una herida está infectada, de nada sirve dejar de mirarla o taparla con la ropa. Hay una sensación constante que nos empuja a querer curarla. Somos personas únicas, aunque nadie es especial, y cada uno tiene su propia herida o mezcla de ellas para sanar. Herida de rechazo, de abandono, de humillación, de traición, de injusticia. Cada vez que duele la herida, el dedo acusador encuentra la culpa como propia o es lanzada generosamente a otros. Preferimos creer que otro es la razón de nuestra propia sensación.

 

Sufrimiento más sufrimiento que provoca la acusación, como un chorro de alcohol sobre la herida abierta. Las cubrimos con tiritas que no evitan el dolor ni hacen desaparecer la infección. Sin embargo, difuminan su importancia y maquillan el alma ante esas situaciones en las que apareció el rechazo, el abandono, la traición, la injusticia o la humillación. Cuanto más profunda es la herida, más daño recibimos con cada toque y cualquier ligero roce se magnifica en ese punto sensible.

Si queremos sanar, al ser conscientes de que la herida se activa en diferentes circunstancias, le damos espacio, voz y le aplicamos los primeros auxilios.

  • Primero se lava con aceptación. Recordando que aceptar no es lo mismo que estar de acuerdo. La aceptación utiliza el suave jabón de la observación a las sensaciones físicas.
  • Seguidamente se seca con una gasa de comprensión impregnada de compasión y tolerancia. Puede aplicarse tanto hacia los otros, como hacia uno mismo.
  • Por último, aplicamos reconocimiento. Reconocer es mirar hacia ahí. ¿Qué necesita este dolor? ¿Qué está pidiendo esta herida? ¿Necesito ser amada, protegido, considerada, respetado, reconocida?

 

Después de estos pasos, hay que actuar adecuadamente, repitiendo la acción frecuente de reconocer, respetar, dar amor y la atención que tal vez faltó en la infancia. Así se pueden ir sanando las heridas emocionales para liberarnos de lo que producen: dificultad en las relaciones, insatisfacción ante la vida, amargura, tristeza, impotencia, culpa, ansiedad…

Esa es la ganancia: libertad.

 

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Mi nombre es Generosa Lombardero y me dedico a la Educación Transpersonal. La lesión cerebral de mi hija mayor me abrió las puertas de la Atención, el Autocuidado y la Presencia. Muestro el camino que yo recorro y practico. ¿Te acompaño?

Si quieres que respiremos juntos hacia el bienestar puedes encontrarme en las redes sociales y contactar conmigo.

Acompaño a personas en procesos de muerte y duelo a trave?s del cultivo de la Presencia, la compasión y la aceptación.

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Comments ( 6 )

  • Mari Carmen

    Arrastró las heridas emocionales ,no se terminar de curar el alma.Siempre pienso en la justicia ,para las ofensas y querer que entiendan lo que duele.Gritar la verdad que tanto me axfisia

    • Nos enseñan que la vida ha de ser justa pero no es así. La vida no tiende a la justicia sino que busca el equilibrio. El equilibrio ha de ser personal, se llama homeostasis: dentro-fuera. Cuando sanas tus heridas y tu condición interna es estable entonces aparece esta condición en el entorno. Se puede gritar la verdad tan alto y fuerte como se quiera pero mientras no se solucione internamente las heridas, seguirá apareciendo el sufrimiento. El acompañamiento transpersonal sirve para eso, para aprender sobre uno mismo e ir recolocando aquello que no está siendo útil. Así el exterior cambia. Muchas gracias por tu comentario Mari Carmen. Estoy a tu disposición. Un saludo cordial.

  • Silvia

    Fantástico artículo!!!
    Que importante la sanación de las heridas….es una forma de sanar el alma…para poder estar en paz con nosotros mismos….me encantó

    • Muchas gracias Silvia. Como decía en el artículo, hay muchas «infancias felices» que tapan grandes heridas e impiden al adulto ser feliz. En cambio hay personas que a través de la revisión de su herida consiguen más seguridad, decisión, confianza y bienestar. Todo ocurre para algo y eso que nos parece muy dañino es la puerta hacia nuestras fortalezas. Abrir la puerta para sanar y crecer. Un saludo cordial.

  • Bernardo

    Me parece interesantísimo tu artículo. Gracias por hacernos reflexionar y mirar hacia nuestro interior….. al que no solemoa prestarle atención, saludos

    • Muchas gracias, Bernardo. Sí es interesantísimo porque el ser humano es realmente interesante. Cuando somos capaces de salir del drama y del victimismo adictivo todo empieza a tener sentido. Si recuperamos la mirada infantil conectada con el adulto que somos, la vida se vuelve fascinante!. Un abrazo para ti.

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