ME VOY A MORIR Y TENGO MIEDO

ME VOY A MORIR Y TENGO MIEDO

La cercanía de la muerte invita a vivir con el corazón abierto. Estar cerca del proceso permite aprender de la sabiduría que brota de la gran experiencia, cultivar la conexión de igual a igual y la mirada compasiva. Se explora la reactividad ante el momento observando los miedos propios y aquellos que nos son ajenos.

“...Creo que en el fondo mi miedo a la muerte es terror a la soledad. Me descubro así durante toda la vida, por eso, he sido tan complaciente. Evitaba decir “no”. Creía que así no tenían ninguna razón para abandonarme”.

Frases dichas ante la magnitud que supone la proximidad de la transcendencia y que lleva a la persona a niveles cada vez más profundos de transformación. Las respuestas de defensa ante el tránsito van de la negación a la aceptación pasando por la rabia, la depresión y la negociación. Esto son pasos de profunda comprensión y evolución de la consciencia.

Varios son los temores asociados con la muerte. Cuando nos acercamos a ellos, los exploramos y les quitamos el velo de la incomodidad, van difuminándose.

 

* Miedo a sufrir

No sólo el dolor per se sino el sufrimiento ante fuerzas invisibles que invaliden a la persona y la amenaza a sentir humillación. Hay frases que lo manifiestan perfectamente: “No quiero dar que hacer”, “No quiero ser una carga”. Supone el sentirse víctima, no tener el control físico, ser alimentado o limpiado, dependiente de otros mientras se piensa que se está generando rabia en quienes lo hacen. Es la punzada de la vergüenza, la indefensión y la pérdida de orgullo.

 

* Miedo a lo desconocido

El origen y base de todos los demás. Es la razón y la función de las religiones en las diferentes culturas: ofrecer una visión de lo que hay más allá del mundo físico. Una orientación sobre lo que nos espera después.

Para las personas que creen en el infierno, en posibles torturas eternas, en juicios, exámenes finales en los que se despliega toda la vida para aprobarla, suspenderla o liquidar cuentas con asuntos pendientes, supone mucho terror y culpabilidad. Prestar la Atención adecuada permite detectar estas creencias grabadas desde la más tierna infancia e incluso presentes desde antiguo en nuestro árbol familiar como sensación tan primordial, tal que el hambre o la sed.

 

* Miedo a la soledad

Estoy segura que nadie quiere tener que contestar a esta pregunta: ¿Me estoy muriendo? Por ello evitamos al moribundo y su espacio.
Morir es un proceso solitario que la persona, en su unicidad, emprende para terminar, aunque nadie muere solo. La muerte tiene mala prensa y se tiende a rehuir todo lo que la recuerda como si se transmitiera por contacto. Ante la presencia de la gran señora y última acompañante, las palabras desaparecen o se esconde la verdadera realidad.

 

* Miedo a lo inconcluso

Completar los objetivos vitales es algo que siempre dejamos para más adelante pero no sabemos cuándo puede abrazarnos el final y generalmente esa futura intención se convierte en un “nunca”. Por este motivo la sugerencia es arreglar lo que haya que arreglar mientras se pueda. Hay cuestiones personales muy importantes que al no ser realizadas aportan disgusto, rabia y frustración al miedo. “No puedo morirme ahora porque...”.

 

* Miedo por los demás

¿Qué les ocurrirá a quienes amo cuando ya no esté con ellos?

Lo que vaya a suceder a los seres queridos tanto en el aspecto emocional, económico o el impacto anímico puede provocar gran preocupación que evita la paz ante ese momento.

 

* Miedo a no ser

Nos enseñan a construir una personalidad basada en el ego, en lo material o profesional. Ello hace que la entrega del morir sea un gran obstáculo.
Cuanto más creamos que tenemos que perder, más endeble será la seguridad ante la muerte.

¿Qué es lo termina realmente?

¿Qué es lo que verdaderamente existe y permanece?

 

A los que hayan leído el artículo, asegurarles que tratar estos aspectos temibles es un medio excelente para comprender el ciclo de vida-muerte, lejos de la negación y la rabia con la que solemos mirar de manera destructiva el gran tabú. Cuando nos permitimos explorar dimensiones más amplias de nuestro ser, relajamos la vida y caminamos en el despliegue de la conciencia.

Tal vez dejemos atrás tesoros preciosos pero seguro que deseamos soltar el cansancio, un ritmo de vida estresante, relaciones desgastantes, obligaciones económicas o personales que nos oprimen y cambiarlas por dimensiones más amplias que nos protegen pero no ciegan.

Observar qué hay detrás o más allá del temor a la muerte sin culpa ni castigo es abrazar que, sea cuando fuere, ese es el momento adecuado para el cambio. Es amar la realidad de la impermanencia y la vida.

 

Amar es comprender.

Amar es aceptar.

 

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Mi nombre es Generosa Lombardero y me dedico a la Educación Transpersonal. La lesión cerebral de mi hija mayor me abrió las puertas de la Atención, el Autocuidado y la Presencia. Muestro el camino que yo recorro y practico. ¿Te acompaño?

Acompaño a personas en procesos de muerte y duelo a través del cultivo de la Presencia, la compasión y la aceptación.

 

Si quieres que respiremos juntos hacia el bienestar puedes encontrarme en las redes sociales y contactar conmigo.

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