MIRANDO POR EL RETROVISOR

MIRANDO POR EL RETROVISOR

Ya estamos en diciembre. El año está a punto de acabar.

Este mes he querido mirar por un retrovisor imaginario y ver todo lo que ha pasado desde que comencé esta aventura de mis artículos.

Siempre me ha gustado escribir. Escribía de vez en cuando, pero eran cosas puntuales, sin relevancia ni trascendencia ninguna. Nadie las veía porque no había motivo para hacerlo. Era algo personal y ahí se quedaba. No había ningún “¿para qué?”. Yo sólo escribía porque me gustaba.

Hasta que un día me dieron la oportunidad de empezar a escribir artículos mensualmente. Digo “Me dieron” porque a veces alguien tiene que darte un empujón, obligarte a algo, crearte un compromiso. Y yo acepté. De eso hace ya 10 meses. Casi un año y ahora quiero mirar atrás.

 

¿Tú también has sentido ese “empujón” alguna vez?

 

Me apetecía ver ese recorrido a través de los artículos escritos.

¿Te apetece saberlo? Continúa leyendo…

 

 “Y ahora, ¿qué? fue el origen.

Un cambio, una vida diferente a la que estaba llevando hasta el momento.  

 

¿Recuerdas algún momento en el que te hicieras esta pregunta?

 

¿Y ahora qué hago con mi vida?

Pues vivirla. Adaptarme. Vivir mi nueva etapa con la confianza de que puedo hacer cosas diferentes. Puedo encontrar mi lugar, ese en el que no estaba antes, pero al que yo puedo ir ahora.

Incluso, si llego a hacer las mismas cosas, ya no soy la misma. Lo puedo vivir de otra manera. Mi actitud cambió, mejoró.

Esta situación supuso un aprendizaje de adaptación sobre todo lo que la vida nos trae, pero también de un mayor conocimiento personal. Descubrir lo que gusta y lo que no. Iniciar un camino nuevo con ilusión porque seguimos a nuestro corazón, a nuestra intuición.

Desarrollé una actitud positiva ante lo que había pasado. Encontré la intención positiva de lo que estaba ocurriendo y comprendí que ese cambio era lo que tenía que suceder. Estaba en mi hoja de ruta y dependía de mí aprovecharlo o lamentarlo.

Aprendí a comunicarme mejor con los demás, pero principalmente conmigo. Entendí mucho de lo que había dentro y digerirlo de manera adecuada hacía que el daño fuera menos daño, que el malestar fuera un impulso a moverme y hacer otras cosas que siempre había querido hacer. Hoy por hoy siento que me escucho mejor y eso contribuye a que ponga foco en lo que realmente necesito y quiero. A veces lo consigo de manera más equilibrada y otras no tanto, pero siempre alcanzo una mejora, aunque sea pequeña.

Consigo mirar dentro de mí y analizar lo que siento. Con compasión, con perdón, con responsabilidad y sobre todo con autocrítica para poder sacar de ello un aprendizaje valioso para mí. El resultado final es que acabo sintiéndome mejor.

Soy capaz de ver mis errores, de ver los de los demás pero que no forman parte de mi mochila (yo ya tengo la mía).

 

Y al mirarme dentro, me doy permiso para sentir lo que quiera sentir porque doy una justificación y un razonamiento a lo que me sucede. Siento lo que siento y está bien. Es lo que debe ser.

Parece algo fácil y cómodo, pero no lo es. Llegar a ese punto requiere esfuerzo y pasarlo mal algunas veces. Tragar una situación para luego desmenuzarla y así poder digerirla sin que se nos atragante o se enquiste dentro de nosotros. Cuando se asimila y se acepta, uno ya lo ha conseguido. Se queda con lo que realmente le corresponde. Pero hay trabajo duro y constante en ello…

 

¿Cómo afrontas tus problemas? ¿Haces autocrítica?

¿Te llenas la mochila de cosas tuyas y de los demás?

 

Es en esos momentos de reflexión, de introspección, de mirarse dentro cuando surgen los propósitos y los nuevos proyectos. Es necesario ver qué queremos de verdad.

Volvemos a la rutina analizando qué estamos dispuestos a hacer y lo que queremos conseguir. Analizar el punto de partida para saber con lo que contamos y saber hacia dónde vamos. Es vital para alcanzar nuestras metas.

Mientras, el destino está atento a nuestras inquietudes, a nuestros deseos y dispuesto a complacer… O no… Pero está ahí y nos concede lo que pedimos o nos corresponde.

A veces nos da las herramientas para llegar a lo que queremos. Y en otras ocasiones, nos pone en bandeja lo que hemos pedido.

Cuidado con los deseos. A veces se cumplen. Pero si no se cumplen unos, seguro que habrá otros que sí se cumplirán. El destino está ahí alerta, pendiente de nuestro camino y nuestras decisiones. También es capaz de mirar a nuestro interior, ver qué hay dentro y qué necesitamos.

Sentir que somos especiales, que nos damos el verdadero valor que tenemos. Nos reconocemos y nos aceptamos. Aprender a querernos más y no castigarnos por lo que nos sucede. Dejar de culpabilizarnos.

¡Cuidar nuestro diálogo interior!

¿Podemos sentir que somos especiales y valiosos más a menudo?

Yo creo que sí.

 

En definitiva, Y ahora, ¿qué? ha supuesto una aventura de satisfacción personal y de crecimiento. Una exposición al exterior que nunca hubiera pensado ni creído necesaria, pero que ahora tiene un “para qué”.

Para reflexionar. Para cambiar pensamientos. Para modificar actitudes que nos hacen daño por otras más beneficiosas.

A veces, el empujón que necesitamos proviene de alguien. Y otras veces, algo que vemos o leemos puede ser el clic que nos active y nos impulse a cambiar. Al menos empezar a pensar.

 

¿Cuál es tu empujón, tu clic del cambio?

 

Ahora que el año se acaba y miro por el retrovisor de mi recorrido en esta aventura, no puedo evitar sonreír y agradecer enormemente de corazón esa oportunidad que un día me dieron para escribir.

Confiaron en mí sin apenas conocerme.

Creo que CredeSER también siguió su intuición conmigo. ¡GRACIAS!

“No desprecies el recuerdo del camino recorrido. Ello no retrasa vuestra carrera, sino que la dirige; el que olvida el punto de partida pierde fácilmente la meta.”

Paulo VI.

 

Espero que mi artículo te haya gustado, pero sobre todo te haya servido y en todo lo que leas, encuentres un “para qué”.

Si ha sido así, ¡Deja tus comentarios y comparte!

¡Hasta la próxima!

Miriam Hernández

 

Me llamo Miriam Hernández y soy Especialista en Coaching, Inteligencia Emocional y PNL.

En un momento de mi vida elegí el Coaching para que me ayudara a reinventarme y cambiar de etapa.

Desde entonces he ayudado a personas como yo, que se sienten bloqueadas para afrontar cambios. Les acompaño en el proceso de cambiar de actitud y buscar objetivos que realmente les sean satisfactorios.

El Coaching te permite descubrir lo mejor de ti y que seas tú el verdadero protagonista.

Comments ( 5 )

  • Stela

    A mí me surge un interrogante… ¿Por qué? ¿Porque sólo puedo disfrutar de tus maravillosos escritos una vez al mes?
    Completamente enganchada a tu forma de ver la vida, a tu optimismo, a tu arranque ante un nuevo proyecto, a tus miedos, a tus fortalezas…
    No me queda más remedio, salvo que Papá Nöel me conceda el deseo de leerte de nuevo en este 2018, que desearte un maravilloso nuevo año cargado de excelentes momentos, inolvidables situaciones, mucho amor, mucho humor… ¡¡¡COLMADO DE VIDA!!!
    GRACIAS a ti Miriam, por dejarnos mirar desde tu retrovisor

  • M. Luz

    Sencillamente genial y me uno al comentario de Stella. Me encanta esa filosofía de vida, positiva y vital. Aprovechando cualquier oportunidad q la vida te ofrece para crecer, para conocerte mejor y para ser un referente de los q tenemos la inmensa suerte de estar a tu lado. Si 2018 ha sido bueno, 2019 será mejor…porque te lo mereces y porque tú lo vales.

  • Vanesa

    Me uno a los comentarios anterios.. sigue compartiendo estos escritos ennlso próximos años q estaremos encantad@s de leerte! Gracias por transmitir ese positivimos y esa forma de ver la vida!! Sigue así 👏🏽👏🏽

  • Ricardo

    Brillantes reflexiones que animan a mirar un poquito atrás para recapitular, pensar en el camino recorrido y poner de nuevo la vista al frente con ilusión ante las nuevas experiencias que estén por venir y hacia las que el destino nos lleva con sus manos al volante.
    Un placer volver a leerte y muchísimas gracias por compartir tus pensamientos a través de estas líneas tan enriquecedoras.

  • Alicia

    Como siempre gracias, Miriam.
    Qué sencillas y sabias palabras. Mirar el retrovisor nos permite repasar para volver a nuestro punto de partida y no olvidar nuestra meta. Aunque caigamos, nos levantamos y continuamos. cuánto he aprendido contigo Miriam, sigue escribiendo todo lo que puedas.

    Alicia

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